10.4.09

Meditación guiada

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Las meditaciones guiadas (que en nuestra Sangha solemos practicar habitualmente en la primera sesión de la meditación, con lectura de textos de Thay o de otros conocidos maestros budistas) tienen diferentes objetivos. Algunos ejercicios promueven la armonía dentro de nosotros; otros nos permiten descubrir nuestra verdadera naturaleza, o ayudarnos a curar, o a que brille la luz de la conciencia en nosotros, o a liberarnos de emociones dolorosas.

Algunos ejercicios tienen varios objetivos. Los ejercicios que nutren y refrescan nuestro cuerpo y nuestra mente deben ser hechos con frecuencia. En la escuela Dhyana (zen) existe la expresión “meditación como alimento de la alegría”, que significa que este sentimiento que surge de la práctica meditativa nos nutre y nos sustenta.

Durante la ceremonia de ofrenda de arroz del mediodía, decimos: Al recibir este alimento, rogamos para que todo el mundo sea alimentado con el disfrute de la práctica de la meditación y el disfrute del Dharma que los conducirá a la comprensión de la verdad total.


Respirar y mirar profundamente.

Respirar y saber que estamos respirando es una práctica básica. Nadie puede tener verdadero éxito en el arte de meditar sin atravesar la puerta de la respiración. Practicar la respiración consciente es abrir la puerta al hecho de detenerse y mirar profundamente para entrar en el ámbito de la concentración y de la comprensión interna.

El maestro Tang-Hoï, primer patriarca de la escuela zen de Vietnam (siglo III d. de C.) decía que “Anapanasati (ser consciente de la respiración) es el gran vehículo ofrecido por los Budas a los seres vivos”. La respiración consciente es la vía para entrar en cualquier clase de concentración meditativa.

La respiración consciente también nos lleva a comprensiones esenciales de la impermanencia, el vacío, la causalidad interdependiente, la generosidad y la no dualidad de todo lo que existe.

Es cierto que podemos practicar el detenernos y mirar profundamente sin utilizar la respiración consciente, pero ésta es la vía más segura que podemos seguir. Así pues, todos los ejercicios que nosotros utilizamos de la llamada Meditación guiada utilizan el vehículo de la Plena Consciencia.

La respiración aporta la imagen, y la imagen abre de par en par las puertas cerradas por nuestras falsas percepciones.


Solo tienes que sentarte.

Mientras practicas la meditación sentada, debes sentirte cómodo. Presta atención, cada músculo de tu cuerpo debe estar relajado, incluidos los músculos de la cara. La mejor forma de relajar los músculos de tu cuerpo es sonreír ligeramente mientras respiras. Debes mantener tu columna vertebral totalmente recta, pero el cuerpo no debe estar rígido. Esta posición te relajará y podrás disfrutar de la sensación de comodidad. No hagas un gran esfuerzo, no pelees, no luches. Deja que todo fluya cuando te sientas a meditar. Esto impide el dolor de espalda, el dolor de hombros, cabeza o piernas.

Algunas personas dicen que no saben qué hacer cuando están sentadas. Se les ha enseñado una postura correcta de meditación, pero no saben cómo hacerlo para que su respiración sea ligera y acompasada. Los ejercicios de meditación guiada te ayudarán a darte cuenta de la unidad del cuerpo y de la mente.

“Solo tienes que sentarte y sentirte” es una exhortación de la escuela Zen-Soto. Significa que debes sentarte sin esperar un milagro, ni siquiera el milagro de la iluminación. Si te sientas con una expectativa, no puedes estar en contacto con el momento presente, instante que siempre contiene la totalidad de la vida.

Sentarse en este contexto significa sentarse de una forma despierta, de una forma relajada, con la mente despierta, tranquila y clara. Sólo a esto puede llamarse sentarse a meditar y requiere entrenamiento, disciplina y práctica.


Reacciones desfavorables a la meditación guiada.

Algunas personas consideran molestos el sonido de la campana y la voz hablada durante la sesión de meditación sentada. Acostumbrados al silencio cuando están meditando, sienten que su paz desaparece con la meditación guiada.

Esto no es difícil de entender. En la meditación silenciosa eres capaz de tranquilizar tu cuerpo y tu mente. No quieres que nadie perturbe ese estado de ligereza, paz y alegría. Pero, si te contentas sólo con esto, no podrás ir muy lejos en la tarea de transformar las profundidades de tu conciencia.

Existen personas que meditan tan sólo para olvidar las complicaciones y los problemas de la vida, como conejos que se esconden tras un seto para librarse de un cazador, o como las personas que se refugian en una celda para escapar de las bombas.

El sentimiento de seguridad y protección surge de forma natural cuando nos sentamos a meditar, pero no podemos mantener ese estado para siempre. Hemos de tener la valentía y la fuerza para salir de la sala de meditación a la vida, porque ésta es la única forma en que podemos esperar cambiar nuestro mundo.

En la meditación guiada tenemos la oportunidad de mirar profundamente, el interior de la mente, sembrar allí semillas sanas, fortalecer y cultivar esas semillas para que puedan convertirse en instrumentos de transformación del sufrimiento en nosotros. Por último, podemos también ser guiados en la meditación para enfrentar ese sufrimiento con el objetivo de entender sus causas esenciales y ser libres de su esclavitud.

La meditación guiada no es un nuevo invento. Fue utilizada por los practicantes en los tiempos del Buda. Esto es evidente si lees el sutra de los enfermos y los moribundos (Ekottara Agama, cap.51-sutra 8, Madhyama Agama, sutra 26, o Majjhima Nikaya, sutra 143). Este sutra recoge la meditación dirigida que Sariputra utilizaba para ayudar al laico Anathapindika cuando yacía enfermo en su cama. El Venerable Sariputra lo guió paso a paso hasta poder transformar su miedo a la muerte. El sutra Anapanasati también es una enseñanza de meditación guiada. En resumen, este tipo de práctica ha formado parte de la tradición budista desde sus mismos orígenes.


Un sencillo ejemplo:

1. Al inspirar, sé que estoy inspirando.
Al espirar, sé que estoy espirando.

2. Al inspirar, mi respiración se hace más profunda.
Al espirar, mi respiración se hace lentamente.

3. Consciente de mi cuerpo, inspiro.
Relajando mi cuerpo, espiro.

4. Calmando mi cuerpo, inspiro.
Cuidando de mi cuerpo, espiro.

5. Sonriendo a mi cuerpo, inspiro.
Poniendo cómodo el cuerpo, espiro.

6. Sonriendo a mi cuerpo, inspiro.
Relajando las tensiones de mi cuerpo, espiro.

7. Sintiendo que estoy vivo, inspiro.
Sintiéndome feliz, espiro.

8. Morando en el momento presente, inspiro.
Disfrutando del momento presente, espiro.

9. Consciente de mi postura estable, inspiro.
Sintiendo la estabilidad, espiro.
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