13.9.20


"Sin barro no crece el loto"


En todos los centros de práctica de Plum Village que hay alrededor del mundo hay un estanque lleno de flores de loto. Todos sabemos que es necesario que haya barro para que los lotos crezcan. El barro no huele bien, pero la flor del loto sí. Si no hay barro, la flor no crecerá. No puedes plantar flores de loto en el mármol. Sin el barro, no existirían los lotos.

Es perfectamente posible quedarse atrapado en el “barro” de la vida. A veces es muy sencillo sentir que el barro nos cubre. Lo más difícil al practicar es no sentirte abrumado por la desesperación. Cuando ésta te inunda, allá donde mires, sólo ves sufrimiento. Te sientes como si no pudiera sucederte nada peor. Pero debemos recordar que el sufrimiento es como un barro que necesitamos para producir alegría y felicidad. No debemos discriminar al barro, tenemos que aprender a aceptar y acunar nuestro sufrimiento y el sufrimiento del mundo con mucha ternura.

Thich Nhat Hanh

11.7.20


“Que el sonido de esta campana penetre profundamente en el cosmos hasta regiones lejanas sojuzgadas por las tinieblas y el miedo.
Que quienes están perdidos se detengan.
Que se despierten de su sueño y encuentren el camino.”

13.6.20

Mares y océanos de vida

Cuando observamos el océano vemos que cada ola tiene un principio y un final. Una ola puede compararse con otras olas, y podemos calificarla de más o menos bella, más alta o más baja, o más o menos duradera. Pero si observamos más a fondo descubrimos que la ola está hecha de agua. Aunque lleve la existencia de una ola, vive también la vida del agua. Sería triste que la ola no supiera que es agua. Pensaría: «Algún día tendré que morir. Este período de tiempo es la duración de mi vida y cuando llegue a la orilla regresaré al no-ser». Estas ideas pueden provocar en la ola miedo y ansiedad. Si queremos que la ola sea libre y feliz debemos ayudarla a desprenderse de los conceptos del yo, la persona, el ser vivo y la duración de la vida. 
Una ola puede reconocerse por los signos: alta o baja, naciendo o desapareciendo, bella o fea. Pero en el mundo del agua no hay signos. En el mundo de la verdad relativa, la ola se siente feliz al crecer y se siente triste al caer. Puede pensar «soy alta» o «soy baja» y desarrollar un complejo de superioridad o inferioridad. Pero cuando la ola percibe su verdadera naturaleza —que es el agua— todos sus complejos desaparecen y trasciende el nacimiento y la muerte. 

Cuando las cosas van bien nos volvemos arrogantes y tenemos miedo de caer, o de descender o conducirnos de manera inadecuada. Pero no son más que ideas relativas, y cuando cesan surge un sentimiento de plenitud y satisfacción. La liberación es la capacidad de ir del mundo de los signos al de la verdadera naturaleza. Necesitamos el mundo relativo de la ola, pero para gozar de una verdadera paz y alegría, necesitamos también sentir el agua, la base de nuestro ser. No deberíamos permitir que la verdad relativa nos aprisione y nos impida sentir la verdad absoluta. Al observar profundamente la verdad relativa, comprendemos la verdad absoluta. La verdad relativa y la absoluta se ínter-abrazan. Ambas verdades tienen un valor. 

Tomado del libro: “El corazón de las enseñanzas del Buda”  de Thich Nhat Hanh.
 
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